miércoles, 16 de septiembre de 2009

Silueta


Apoyá tu cuerpo en la ventana que quiero recordar tu contorno. Me enamoré de la forma. Te quise ahí en contraste de todo. Ensombrecido como siempre. Eras amigo del sol. Los destellos cosquilleaban la retina y movías las extremidades lentamente, como bailando en la viscosidad de los enlaces del hidrógeno y los oxígenos. Te hacías agua de vez en cuando y río para regalar reflejos infinitos. No prendíamos nunca la luz, porque llamabas a la luna golpeando dos veces el vidrio cuando morían las luces, prediciendo siempre esos ocho minutos y medio. Y cuando el calor era incontrolable, un abrazo. Y nunca mentiste hablando en “tiempo real”. Siempre supimos del pasado y de las luces. Mentíamos atardeceres y siempre afirmamos en sentido negativo. Vos, sombra de albas y ocasos. Perímetro de una invención más del sol.
Ahora se ve la luna, la tenemos acá no más, recostate un poco más, que de noche tu perfil crea relieves en la casa.

viernes, 21 de agosto de 2009

Los perros aprovechan mejor


Te vas de a ratos, y en tu ausencia te hacés más fuerte, más débil, más confuso, menos necesario, más capricho. Esos ratos menos deseables, más llenos de esperanza, más deseables de un fin. Y cuando volvés, sos menos vos. Seguí yéndote que va a quedar la nada. Sigo yéndome que voy a ser la nada.
Y seremos aire contaminado por querer querer y no necesitarnos nunca.

viernes, 7 de agosto de 2009

Los ocasos de la autopista


Se esconden. Nos tocan el hombro y corren desvaríos por las lomadas de la autopista. Se ríen de nosotros y se sientan en nuestras cabezas mientras actuamos su inexistencia. Y si estuvieras acá pesarían un poco menos, serían un poco menos… Empezaría por dejar de buscarles forma y capacidades humanas. Y te fuiste, y ahora los perros son menos amigos, los gatos más perversos y egoístas, las avenidas porteñas menos enigmáticas. La noche más muerta. Y el sol, menos vivo en sus horas.

Ellos siguen corriendo por la autopista, molestan a los peatones y se sientan de vez en cuando en el parabrisas de los camioneros, y cuando te ven saltan furiosos sujetándose a tus rodillas. Creo que pueden ser rojos, anaranjados, y se destiñen en el negro. Son diariamente distintos. Y cuando las grises nubes, cual tropas estadounidenses marchan en líneas rectas para matar al sol, se multiplican y al son del choque entre nubes te persiguen. La soledad deja de ser el refugio y corremos a buscarte. Pero te fuiste, te fuiste con ese sol del mediodía. Te escondiste para siempre en el minuto sin sombras...Todavía queda el de la mañana, más tenue, más bajo, más joven, reposando en los persistentes hombros de Elena que mira siempre hacia el oeste.

miércoles, 5 de agosto de 2009

De esas novedades utópicas


Y sin sujetarnos de las manos nos sumergimos a un mundo de letras, sólo letras, y el sujeto crítico resurgió, renació, abrió mares sin provocar olas, sin destruir playas, sin causar muertes. Y la imagen fue poco a poco ubicándose en el segundo plano de las cosas. Se desfiguró frente al espejo, derramándose en los costados secundarios del corazón. Y discernir fue más fácil. Amar también. Vivir también. Llorar más práctico… Y nos conocimos más, más fundamentados, menos tapados. Así de utópicos hoy en día. Muchas caras se desvanecieron durante las madrugadas en las correntadas de las avenidas porteñas. Se escuchaban sus suspiros agonizantes, que atravesaban nuestras rendijas convirtiéndose en fortaleza. Y los sueños fueron más sueños, mas fortuitos, más largos y memorables. Y las almohadas angustiadas, melancólicas por volver a ser las fieles compañeras de llantos y confesiones reprimidas de las personas. Y las personas más personas, volando todas por puentes de colores, colores puros, fusionados, teñidos de sentido. Y se entendieron más las cosas, los caballos fueron más sucios, los cuerpos más cuerpos, y los sonidos en su estado puro danzaron por el campo y la vigente, diariamente eterna ciudad. Tu corazón se convirtió en racimo de uvas y tus manos en ramas blancas que naturalmente se aferraron al sol. Y la historia continuó siéndolo. Y mientras volabas por los puentes pensabas en las letras de hoy, que fueron manos secas de ayer, y la paz de tu pensar que fue guerra de guerras.

miércoles, 15 de julio de 2009

Confesiones

Noelia: - ¡Ha llegado el fin! Cansada estoy de escribirte y escribirte y escribirte para que jamás te enteres de nada. Para que jamás entiendas ni una de las incontables metáforas que introduje en los cuentos que a vos te pertenecen. Y hoy ya terminé de subir la escalera, y me encontré con esa desilusión del final del deseo, de la concertación de las esperanzas, de haber alcanzado lo añorado con el corazón. Y me hallé ahogada de letras, tuyas, todas tuyas, y si las pudiese tomar con la sopa, bueno vaya y pase, pero no, no hay caso, no se van eh. ¿Qué hago? Escribo en tu ausencia eterna y ahora tal vez esté acabando con ello, tal vez. Esa maldita incertidumbre…la misma que me llevó a contornear cada una de las palabras. ¡Textos te hice! Nunca los dije, hasta hoy. Ya llegué al último escalón, y ahora... ¿Ahora? No se, este es un conjunto de palabras, es como si me las hubieses dictado, me ahogan, te las cargo todas a vos, siempre tuve ese egoísmo del que me es imposible deshacerme, del que te es imposible abrazarte. Por vos lo digo eh, sabés que es así. En fin, ahogate en ellas, seguramente vaya a tragar un poco después. Cuando las horas lloren Rodrigo.
Ro, ahora voy a cerrar los ojos y vos vas a abrir los brazos, y no va a ser para escupir uno de tus abrazos, sino para llevarte las letras. Ya preparé el caldo, vos si te las podrías tomar, o mejor aún, zambullirte en él, ahora que es invierno.
Hace rato estoy hablando eh, ya sabés esa manía que tengo de tratar de justificar y explicar cada uno de mis actos, aunque sea con esa constancia imprecisa y a veces estúpida, esa facilidad de encontrar palabras que son odiadas por los silencios. Las palabras y los silencios, los cronopios y las famas… Y me quedan estas irremediables palabras en cocción, a la una, a las dos y a las….tres!

Pared de Rodrigo: - (silencio)

Al día siguiente Noelia y Rodrigo se cruzan en la parada de colectivo, pleno centro porteño, tres y media de la tarde.

Rodrigo:-Noe,¿ todo bien?¿Qué hacés por acá tanto tiempo?

Noelia: - Venía de lo de un amigo, ¿todo bien vos?

Rodrigo:- Si si…

Noelia: -Bueno… ¿Te tomás este?

Rodrigo: -Si.

Noelia subió primera sacó boleto, y se sentó en asiento individual. Rodrigo hizo lo mismo y se sentó adelante. Y se bajó antes que ella.

sábado, 11 de julio de 2009

Piiiiiiiiii


¿Y para qué decir? ¿Para qué hablar y no decir nada?
Una mosca congelada en la cima de un pan ácimo y una ventana que se abre de a poco, como al compás de un tango lento. La perpetuidad de una imagen infinita, gráficamente comprensible, muda, mejor. Dos sombras, que se juntan y se vislumbran por el simple y eterno accionar del sol, y de tanto en tanto se funden. De tanto en tanto se separan como queriendo seguir juntas, como las gotas de agua, pero se espantan, y cuando anochece se dispersan por el mantel y se hacen mosca. Y en el alba se forman nuevamente, caminan hacia el vidrio y lo miran, no lo ven. En cambio el sol sí con ellas. Y las sombras bailan y las moscas se congelan, mudas todas ellas. Y un encuadre encaja justo en el astro más grande, y todo lo que él ha creado. Y el calor no las derritía, y las primaveras se hacían notar en los árboles. Y las sombras… esas sombras. Calladas se tiraban al piso y se hacían muchas, y cuando venían más moscas, se hacían una sola sombra, una muy finita, engañando, disfrazando ser esa daga que crea oscuros, que tapa destellos, que pinta de negro. Que se para en el haz de luz y lo corta,lo mata sin escrúpulos, como cuando pedís medio metro de cinta bebé.Y ahí todo vuelve a fundirse, y ya no importa el tiempo, ni las moscas ni los árboles, ni la ventana, y menos las sombras. Y en el alba, cada cosa en su lugar. Sin palabras, sin decir. Parece que resultó mejor ese amable reposo, como las lágrimas que se postergan y al fin se dan , como los abrazos fiados que mueren y reemplazan por los verdaderos, como los besos de a montón que fueron asesinados por esos que erizan, esos, claramente, utópicos.
El alba penetrante contorneó la escena, creó aquel mismo encuadre, diariamente encuadrado. Las moscas sobre el pan. Las sombras en la ventana…
¡Esa maldita pava silbadora que asesinó al sol arruinando el silencio! Las sombras se derritieron sobre el mantel junto con todo lo demás, se hizo de noche para siempre, y otras luces empezaron a gritar en otro encuadre. Fue la muerte del soleado silencio, la muerte del amor.

martes, 7 de julio de 2009

A! El frío.

Estamos mal, debí admitirlo aunque logré evadirlo por un tiempo. Tosemos en el codo y miramos de reojo, observamos las monedas con más desconfianza que antes, y algunas bocas se escondieron tras ese blanco que da miedo. Y pensar que nosotros nos preocupábamos por no arrugar el mantel o que no se pase el agua para el mate.
Los actores se escondieron tras bambalinas y la música dejó sorda la cuidad. Nos quedamos con ese agudo “piiii”, y las persianas bajas. Corrimos sin dirección, hasta que vimos el puente tajando la autopista. Y por la sucesión que tienen las cosas nos encontramos, ahí en el medio, con las manos limpias y sin bufandas. Y pensar que antes íbamos rozando el alambrado con los ojos cerrados, mientras sentíamos el destello de esa luz agonizante tras algunos edificios. O agarrábamos el primer palito que encontrábamos tirado por ahí y acompañábamos los pasos con el roze del alambre.Y nos agarrábamos las manos sin desconfianza.
Nos cruzamos de frente, nos abrazamos por instinto, y nos quedamos callados. Habían muchos menos autos que siempre, y las nubes parecían mas grises, más enfermas, más de este invierno 2009. Las miramos, nos reímos con esos nervios de preocupación, y falsamente despreocupados nos tomamos de la mano, otra vez por instinto.Y finalmente llegamos, prendiste la tele, y quedamos enfermos, son esas cosas de este invierno, se hizo más frío que nunca.

miércoles, 1 de julio de 2009

Otra vez


Volvemos al tiempo, vamos en tiempo, navegamos por ahí. Y en los recuerdos de los colectivos los minutos se minimizan, ¿dónde quedaron los minutos que fueron? ¿ cada uno de esos sesenta segundos?, los quiero, no me despojes de ellos… ¿Cómo se hace para conservar exactamente el momento? No me digas que te acordás de todo, no mientas. ¿Dónde quedan los minutos que ya no vuelven? ¿Qué es? Susurran de vez en cuando en la noche, en algún poste de luz en las madrugadas, tal vez en algún acorde de bandoneón, pero… ¿vuelven?
El tren despoja a las vías, y la distancia las achica, el tiempo lo hace consigo mismo, parados en el último vagón nos acercamos más a la Terminal, nos alejamos más de… Reciclamos constantemente, sentimientos, risas, llantos, luces, silencios… No hablamos, pero susurran atrás de la cama después de quedar sin tiempo, y volvemos a ser lo que no somos.
Puse música para evadir tan lindo silencio, para no escuchar tan ciertos susurros, para apagar tan tenues luces… Para acostarnos en una sábana “espiraleada” de esas en las que duermen los músicos nocturnos, los flautistas velados, de esas que son aspiradas por los tornados que salen de las alcantarillas cuando el alba apenas empieza a asomar y contornear nubes.
Dormimos, por ahí navegamos, los minutos se evaden, pero dónde, ¿se subliman? Como siempre hace lo que quiere, el más libre de todos, el más amplio, el tiempo, el tiempo, el tiempo. Lento vamos cayendo, lento, lento, lento, el humo en la ventana de tu pieza y yo tapada hasta la cabeza veo como nos acercamos al centro de la alfombra, aspirados por el tornado, y las tazas vacías se caen, la tele se apaga, la música calla, los cuerpos se juntan... y el humo se hace todo negro.

lunes, 22 de junio de 2009

Núcleo bonaerense


Senderos bifurcados que seguramente surgieron del mismo punto. Conexiones de no se qué tipo existen y provocan magnetismos iguales y contrarios. " Los polos iguales se repelen" y así es.

Pero todos los caminos conducen a Parque Lezama, todos, ahí nos vemos...

La cuidad se transparentó

La cuidad se transparentó. Toda, todo, menos las ventanillas de los trenes. En ellos se veía reflejada una cuidad que no era, algo que fue, pedazos urbanos que transformados se materializaban en todo eso. Reflejo que mostraba otra cuidad, como sucede con nosotros, tenemos otras personas iguales a nosotros ahí, eso somos y no somos a la vez. Una invención humana que acabó por inventarnos. Y ahora, las puertas se abren solas, en una cuidad casi enmudecida de sonidos. Gris de carteles publicitarios y edificios de sombras, la población parecería más grande. Reapareció esa gente que vivía tras los hoteles, los que dormían en la “M” de Mc. Donalds y el arriba o abajo de la General Paz, y quién sabe en cuántos lugares más, si se escondían evidentemente muy bien. Tuvo que transparentarse todo para vernos bien a la cara, sin embargo, las ventanillas… Quedaron ellas para seguir viendo la paridad humana, la otra cuidad. Y las lagunas nos mienten, hasta el mismísimo Río de la Plata. Los espejos son paredes cuyo armazón nos muestra lo de atrás y lo de atrás y lo de atrás. Se forman caminos y senderos interminables y se reflejan, y se reflejan. La luna nos engaña desde ahí arriba, y ahora pareciera que el cielo es menos lejano, que las nubes se mezclan con las sendas peatonales, y el Obelisco, tan criticado, parecería de hielo, haciendo geométricos los celestes y destellos del cielo, en cuatro caras rectangulares. Y nos paramos frente a ellas y nos miramos, pero nos mienten. Las ventanillas parecieran mostrarnos como somos, como quedamos luego de tanta transparencia. ¿Dónde quedaron los aires de tango grises que se mezclaron con los sueños arrabaleros? No nos digan que es un sueño que jamás comenzó, o que simplemente es uno complejamente real, irreal. Las hojas de los árboles intentan cubrirnos del sol, y apañarnos en el otoño, parece invierno. Colores han quedado pocos. La gente sale a la calle, se han encontrado con personas que no veían hace tiempo. El amor prohibido ha fracasado para siempre, las escondidas se han muerto para siempre. Pero la verdad no es sinónimo de transparencia, no nos han despojado de la ropa, seguimos vestidos. Es la cuidad. La cuidad nos ha hecho cuidad y sus vestigios nos han dejado urbanos de todo. Desde las estaciones de subte miramos a la gente caminar, correr y seguir corriendo. Imposible escapar. Y como la lluvia ansiada en época de sequía, un balde multicolor se abalanzó sobre nosotros, resbalaron arco iris, descendieron a toda velocidad por las lomadas y los pasillos de San Telmo, llegaron hasta los limites nacionales, y nos han dejado negros, y blancos, y azules también. Tiñeron todo, absolutamente, el amor oculto ha resurgido y se esconde en los rojos más incandescentes, las escondidas son múltiples. Pero nos han transformado nuevamente, otra cuidad, las ventanillas son opacas, no hay reflejo, los lagos nos siguen mintiendo.
Sentados frente al movimiento del agua, no logramos descifrar el color del Río de la Plata.