Noelia: -Había una vez un país en el que toda la gente sabía hacer muchas cosas y vivía de ello. Cosían, planchaban, inventaban aviones, arreglaban las instalaciones de sus casas, le cambiaban los pañales a los bebés, escribían historias para sus nietos, cuidaban las plantas, construían lugares enormes, medianos y chicos, investigaban varios ámbitos de la naturaleza, pintaban murales para las cúpulas, sabían de las enfermedades que los aquejaban, escribían sobre el tiempo, lo aceptaban e intentaban crear para él, para ellos y para los demás. Era un país que hoy en día parecería imposible, pero que se desarrollaba única y básicamente sobre los rieles de la raza humana. Porque el ser humano posee esa capacidad para transgredir, y esta sociedad lo había logrado. Había transgredido porque no todo había sido planeado para idiotizarlos. Porque los programas de televisión daban a conocer sus dotes y habilidades para su todo. Porque veían en las cosas muchísimas otras. Porque jamás aprendieron en contentarse con poco, con la conformidad de aceptar lo dado como tal, con principio y fin. Era una sociedad novedosa día tras día, como los crepúsculos. La gente de aquel lugar no era como tu mamá o la mía. No, no nada que ver, porque era gente que había nacido con otras bases, gente que se valía de orgullo por si misma por ser, por ser humano. Dicen que algunas personas de este país, que no se sabe bien donde se situaba, pasaron de planos para fomentar su trasgresión. Algunas de estas personas pasaron para nuestro planeta, pero aquí había sido todo fríamente planeado para que este tipo de personas aparecieran cada mucho tiempo. Y además, una vez en este nuevo sitio, se los trataba con cierta marginación, como extranjero en su nueva tierra. Dicen que cada tanto venían algunas personas de este país ,que no se sabe donde se situaba, acá la Tierra. Pero se las reconoció después de muchos, muchos años, una vez muertos. Una pena...
Rodrigo: -La re flashaste.
Noelia: -Si, si...
martes, 23 de diciembre de 2008
Quiero pedir perdón
Te juro que me encantaría decirte todo, todo lo que me pasa, todo eso que estuve acumulando en esta parte, acá, casi abajo del cuello, del lado izquierdo de mi cuerpo. Todo de lo que estoy segura y también aquello de lo que no, que en verdad es la mayoría. Porque te niego y te acepto, conmigo, con los demás, con vos. Es que te dejo, te dejo para sentir que casi te pierdo. Es que siempre alguien cede su vida para mostrarnos las cosas verdaderamente importantes. Pero nosotros, pero nosotros…Es como si no nos alcanzara ni todo el cementerio de Chacarita. Disfruto el saber que mi acercamiento hacia a vos baila sobre un hilo azul gastado por los años. Ciertamente creo que necesito un cambio. Las vueltas de cuerda vendrían bien en este caso. Pero no, no, volvería a caer en lo mismo. Porque vivimos renegando de lo que somos y de lo que no, y si fuésemos diferentes lo seguiríamos haciendo. Es que a pesar de todo me gusta correr el riesgo, para después llorar, para después apenar/te/me… Sin embargo no quiero quedarme sin vos. Ay! Te juro que no quiero quedarme sin vos. Perdón una y mil veces. Perdón. ¡Cuán difícil fue conectar, para que ahora yo quiera pelar los cables! Abrazame antes que salten los tapones. Y perdón, perdón por lo que hice. Es que estas cosas son como círculos que atraen tanto como lo prohibido, y vos sabes que solemos caer. Pero hay tiempo de levantarse. Está el mate sobre la mesa…
lunes, 8 de diciembre de 2008
Y si...

Lo importante no fue que haya escrito lo que escribí, ni que haya dicho lo que dije. Lo importante es que ahora siento que no ofrecí nada con ello. ni una misera reflexión, ni un mensaje, ni una novedad, ni un mínimo de transgresión, nada. Siento la necesidad de dejar un legalo, por pequeño que sea. Porque gracias a vos descubrí que con sólo hilar palabras, hacerla rimar, o juntarlas de un modo que suene bonito, no me alcanza. Porque con sólo imaginarme las cosas antes del sueño, antes, durante y después de la ducha, o mirando la ventana, no me alcanza. Porque con la objetividad de lo que parece estático en un primer momento, me aburro. Porque es mejor ir hasta las esquinas y cruzar las calles. Porque me gustaría saber aconsejar más a la gente y a mí misma. Porque me gustaría saber más sobre historia. Porque me encantaría hacer el bien sin buscarlo constantemente. Porque me gustaria dejar de suponer.
Porque me gustaría hacer más que decir. Encontrar un modo de sentirte totalmente a gusto conmigo. Pensar, pensar y pensar hasta hallar la luz que alguna vez vi. Subir la escalera, y ajustar la bombita, y que dure por mucho tiempo. Y que sea de bajo consumo.
Porque me gustaría hacer más que decir. Encontrar un modo de sentirte totalmente a gusto conmigo. Pensar, pensar y pensar hasta hallar la luz que alguna vez vi. Subir la escalera, y ajustar la bombita, y que dure por mucho tiempo. Y que sea de bajo consumo.
Alguna que otra noche
Se levantó de dormir. Se quedó sentada varios minutos, inmóvil. Luego se paró. Fue al baño. Se miró al espejo. Se lavó los dientes. Se miró nuevamente. Se batió el pelo y lo juntó todo hacia a atrás, a modo de rodete. Tomó el cepillo nuevamente y lo atravesó por el montón de pelo. Se volvió a mirar, ahora a cara despejada. Se estiró los párpados y los costados de la nariz. Tomó jabón y se lavó los labios. Salió del baño, pero ahora con labios que borraron besos de ayer. Labios vacíos de culpa, vírgenes. Así como los engaños que fueron y las mentiras que pasaron. Así como lo que pareció una infidelidad. Así como las mil y una negaciones. Así como decir que pudo deshacerse realmente de los besos que no fueron y que si y que no.
sábado, 6 de diciembre de 2008
El día anterior

Ayer entendiste que el sol no se tapa con las manos, porque es largo, inmensamente largo, más que los océanos y todas las distancias juntas. Me miraste y con solo algunas palabras me diste a entender que pensamos lo mismo cuando caminamos por la calle, que recordamos casi lo mismo antes de conciliar el sueño. Ambos entendimos que la ambigüedad y la multiplicidad, de lo nuestro, de aquello, se alía con la subjetividad, la mía, la tuya, no lo se. Lo que si sabemos es que hay cosas que se juntan, se buscan, complementan, como cuando jugás con la marca de agua que dejó ese vaso frío, unís todas las puntas y el líquido queda uniforme, como si fuese un charco, y después chapoteas el dedo índice en su centro, lo hacés rebotar unas cuantas veces hasta que lo ves tan aburrido que decidís hacer con él una estrella, de su diámetro dibujás chispas, y después, tan sólo un poco después, volvés a colocar el vaso encima de todo eso.
Y todo esto es porque ayer… Yo se, entiendo que supiste convertirte en alegorías, en metáforas, en puentes, en sueños. Me entendiste cuando el sol acortaba su largo detrás de las calles. Se iba muriendo. Lo entendimos tan bien que se sucedieron dos fines inmensamente largos. Así es el sol, muere todos los días tras la ciudad, y nosotros parados, inmutables, de la mano para hacerlo mejor, entendimos algo que no nos terminó de parecer, hasta hoy. Sería bueno que lo repitiéramos, pero no es posible.
Y todo esto es porque ayer… La luz se acortó debajo de nuestros pies.
Y todo esto es porque ayer… Yo se, entiendo que supiste convertirte en alegorías, en metáforas, en puentes, en sueños. Me entendiste cuando el sol acortaba su largo detrás de las calles. Se iba muriendo. Lo entendimos tan bien que se sucedieron dos fines inmensamente largos. Así es el sol, muere todos los días tras la ciudad, y nosotros parados, inmutables, de la mano para hacerlo mejor, entendimos algo que no nos terminó de parecer, hasta hoy. Sería bueno que lo repitiéramos, pero no es posible.
Y todo esto es porque ayer… La luz se acortó debajo de nuestros pies.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
domingo, 19 de octubre de 2008
Felicidades

Me dijo que se sentía ampliamente felíz, que su cuerpo se había rodeado de colores que se fusionaron de modo indescripitible y luego me contó que vió el sol...Lo hizo de frente, que lo corrió, que intentó abrazarlo, que no tuvo tiempo de mirar al suelo mientras lo hacía, pero que se topó con un lago. Se quedó algunos segundos en silencio, mirándome fijo, pero continuó su relato describiéndome a aquel lago. Me contó de su inmensidad, de la claridad de sus aguas, de su ajeno reflejo, y me dijo que en su fondo halló al sol, que era húmedo y profundo. Me dijo que se adentró en él y que mojó sus brazos en sol, que bañó su pelo en dorados vientos y que movió sus piernas en aquel círculo inigualablemente amarillo. Que se quedó horas y horas abrázándolo, y que llegó a su núcleo y allí dentro se encontró con todo lo que más apreciaba en ese momento, lo que más quería en sus recuerdos, lo que creía fundamental para su vida. Me dijo que pudo ver a los colores más hermosos e indescriptibles de todos y que en su atmósfera corrían los aires más puros. Me estaba describiendo un nuevo plano que jamás había imaginado. Me dijo además que se sentía ampliamente gratificado, sin necesidad de querer poseer algo más en su vida. Se detuvo en el relato, miró el cielo negro de la noche sin estrellas y luego fijó su mirada en la mía, que continuaba inmóvil, maravillada por su existencia. Me tomó la mano, la acarició y la soltó bruscamente. Se dio media vuelta y voló con los pájaros que salieron de abajo de sus pies, y se convirtió en bandada. Y se hizo de día, y hacia el este lo volví a encontrar, cerré mis ojos por unas catorce horas para enfrentarlas, y esperar a abrazar la luna...Astros de una ilusión improbablemente posible.
sábado, 4 de octubre de 2008
Trueque de soles

Y a decir verdad, nos sinceramos. Sentí que despegaste pero me dejaste un refugio, el que antes era tuyo. Y me dejaste mucho más que eso, un lugar que guarda en sus rincones partes de vos. Y allí es donde me alejo de todo. Sucede además que intenté copiarte, y pago las consecuencias del haberme salido tan bien. Y no es arrepentimiento, sino orgullo. Porque cuando te escucho es casi un reflejo, porque cuando te abrazo hay fusión de infinitas cosas, porque cuando me río no estoy sola, porque cuando me hablás me describís. Y ambas sabemos que en situaciones de tristeza y desesperación apelar a la generalización y los extremos es algo que nos sale muy bien. Pero con vos, es con vos... Es percatar en esos detalles, es mirar a los árboles y ver lo mismo. Sensaciones compartidas en un tiempo que parece jamás terminar, que se pierde en un camino sin fin. Porque hoy puedo decir que cambio mis soles por los tuyos, para terminar de complementar lo que desde el principio de todo se gestó. Una naranja perfecta se forma a lo lejos, entre arrabales que a modo de humo bailan en la luz que sólo vos me supiste dar. Mitades juntas que dan a entender que en la vida existen perfecciones.
domingo, 17 de agosto de 2008
Uno veinte por favor

A Morón por favor.
Escaleras plagaron los escenarios de la cuidad. Ida y Vuelta a ...
Descendió del tren para ascender a otro plano, y allí voló entre arrabales y nubes del atardecer. Y después de hacer todo eso y más, fijó la mirada en otro flotante, el cual se detuvo frente a ella, solo a unos metros de distancia. Y detrás de él apareció un piano y con el creó las más bellas notas que jamás se habían tocado en esas infinitas alturas. Y debajo de sus pies se dibujó una calle empedrada, empapada de rocío que se descargaba de las notas musicales que de a poco plagaban los espacios. Y se dibujaba un espejo, el reflejo de dos personas imgainándose. Y él dejó de tocar el piano, porque este continuó haciándolo solo, y se dirigió casi hacia ella. Caminó hasta su imagen, la que se hallaba en el suelo. Se sumergió en la calle y abrazó a la figura femenina que allí se dibujaba. Y luiego el agua se evaporó ascendiendo más alla de las notas musicales que aún seguían aflorando de aquel instrumento casi mágico.
Ella quedó sola entre las nubes y una calle seca de todo. Entonces descendió hasta el final y tomó el tren de regreso. Y finalmente dijo: " Uno veinte por favor".
sábado, 12 de julio de 2008
Soledad

Entiendo que hubo un tiempo en el que las palabras afloraban de mi boca y se plasmaban en las nubes, en los árboles que se situaban camino a casa, en el sol de las cinco de la tarde, en ese rincón del comedor donde el viento voló restos de pétalos de lo que al principio fue una flor. Pero ahora sólo las recuerdo, me cuesta titular o tal vez no quiera hacerlo, y me miento como lo estoy haciendo ahora. Porque cada paso lo escribo, porque en las noches cada último minuto de la vigilia lo ocupa tu voz, lo gasta el recuerdo, lo bordean abrazos jamás dados, esperados... Falsa e inútil inspiración es la que busco, la que invento, porque es entonces cuando intento convencerme de la soledad inexistente, porque justamente allí es cuando menos sola estoy.
Allí viajamos sentados en una flor y recorremos en ella cada sitio de la casa, abrazados en una mentira que parece no tener fin pero sujetándonos fuerte para no caernos, movidos por un soleado viento.
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