sábado, 24 de octubre de 2009
Árbol antiutópico
Le llevé los pajaritos y los barquitos, al día siguiente, pero el edificio era muy alto y el ascensor, unipersonal, siempre ocupado. Me senté en la puerta y junto a mi, otro joven. Lo miré, me sonrío con los ojos y ví como sus pies se adherían a la vereda, sus brazos se alargaban y crecían hasta la ventana y de su pelo nacía el más bello y claro follaje. Creció aún más que el edificio gigante, y jamás le dio sombra.
jueves, 15 de octubre de 2009
Un cielo civilizado

Tropezó y raspó sus rodillas contra la mezcla de asfalto y tierra seca. Miró hacia el sol, el cual intentó dejarlo ciego y debilitarle la nuca. Unas cuantas gotas resbalaron por su frente, y otras cuantas de sangre llegaron hasta sus pies. Lleno de ira delira contra la sociedad que lo oprime a la sombra. Sacude sus cabellos irregulares y tira para un costado su remera. Sostiene a su hermanita de ambas manos y caminan al mismo paso al son de timbales que retumban tras la Cordillera de los Andes. Mira hacia un horizonte sin meta, frunciendo el ceño y espejando en sus ojos armas, edificios y subtes a velocidad de la luz. La garganta le grita y él la calla. Golpea la tierra y golpea los vientos. Corre sin corazón y abraza nubes en el desierto. Se cansa y agranda su cuerpo unas tres veces escupiendo de tanto en tanto. Agotado cae hacia atrás y observa las nubes que tiñen el cielo con engranajes y botas de cuero. Una sola gota cae del cielo y él, sediento, abre la boca de su hermanita. ¡Qué bueno el cielo comparte sus riquezas!
lunes, 5 de octubre de 2009
Chivilcoy

Los colectivos resultan ser los mejores oyentes y espectadores de una novelita diaria, rutinaria y simpática. Yo se de ella, más de lo que creemos cuando caminamos en filita cortorneando el cordón de las veredas, balanceando los brazos que bailan al son de alguna canción a medio saber, a medio tararear. Anticipo esos ocho minutos y medio, y bailamos en el blanco que fusiona nuestros colores. Alumbra de modo natural, esa un loquita, no sabe lo que da, no sabe lo que hace. Ve un chico con sol entre las manos, pero se ve gris. No te preocupes amiga, sabemos del tiempo, lo nuestro es siempre el pasado. No creas dejar correr las horas, lo hacen sin tu consentimiento. No intentes prender todos los postes de luz de la cuidad. Intentá con los ojos a medio cerrar mirando la luna cuando es muy de noche, vas a seguir viendo esos destellos de la infancia.Hay urbana, urbana … Ella quiere amor, busca querer y quiere mucho, esa loquita linda…
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Silueta

Ahora se ve la luna, la tenemos acá no más, recostate un poco más, que de noche tu perfil crea relieves en la casa.
viernes, 21 de agosto de 2009
Los perros aprovechan mejor

Y seremos aire contaminado por querer querer y no necesitarnos nunca.
viernes, 7 de agosto de 2009
Los ocasos de la autopista

Se esconden. Nos tocan el hombro y corren desvaríos por las lomadas de la autopista. Se ríen de nosotros y se sientan en nuestras cabezas mientras actuamos su inexistencia. Y si estuvieras acá pesarían un poco menos, serían un poco menos… Empezaría por dejar de buscarles forma y capacidades humanas. Y te fuiste, y ahora los perros son menos amigos, los gatos más perversos y egoístas, las avenidas porteñas menos enigmáticas. La noche más muerta. Y el sol, menos vivo en sus horas.
Ellos siguen corriendo por la autopista, molestan a los peatones y se sientan de vez en cuando en el parabrisas de los camioneros, y cuando te ven saltan furiosos sujetándose a tus rodillas. Creo que pueden ser rojos, anaranjados, y se destiñen en el negro. Son diariamente distintos. Y cuando las grises nubes, cual tropas estadounidenses marchan en líneas rectas para matar al sol, se multiplican y al son del choque entre nubes te persiguen. La soledad deja de ser el refugio y corremos a buscarte. Pero te fuiste, te fuiste con ese sol del mediodía. Te escondiste para siempre en el minuto sin sombras...Todavía queda el de la mañana, más tenue, más bajo, más joven, reposando en los persistentes hombros de Elena que mira siempre hacia el oeste.
miércoles, 5 de agosto de 2009
De esas novedades utópicas

Y sin sujetarnos de las manos nos sumergimos a un mundo de letras, sólo letras, y el sujeto crítico resurgió, renació, abrió mares sin provocar olas, sin destruir playas, sin causar muertes. Y la imagen fue poco a poco ubicándose en el segundo plano de las cosas. Se desfiguró frente al espejo, derramándose en los costados secundarios del corazón. Y discernir fue más fácil. Amar también. Vivir también. Llorar más práctico… Y nos conocimos más, más fundamentados, menos tapados. Así de utópicos hoy en día. Muchas caras se desvanecieron durante las madrugadas en las correntadas de las avenidas porteñas. Se escuchaban sus suspiros agonizantes, que atravesaban nuestras rendijas convirtiéndose en fortaleza. Y los sueños fueron más sueños, mas fortuitos, más largos y memorables. Y las almohadas angustiadas, melancólicas por volver a ser las fieles compañeras de llantos y confesiones reprimidas de las personas. Y las personas más personas, volando todas por puentes de colores, colores puros, fusionados, teñidos de sentido. Y se entendieron más las cosas, los caballos fueron más sucios, los cuerpos más cuerpos, y los sonidos en su estado puro danzaron por el campo y la vigente, diariamente eterna ciudad. Tu corazón se convirtió en racimo de uvas y tus manos en ramas blancas que naturalmente se aferraron al sol. Y la historia continuó siéndolo. Y mientras volabas por los puentes pensabas en las letras de hoy, que fueron manos secas de ayer, y la paz de tu pensar que fue guerra de guerras.
miércoles, 15 de julio de 2009
Confesiones
Ro, ahora voy a cerrar los ojos y vos vas a abrir los brazos, y no va a ser para escupir uno de tus abrazos, sino para llevarte las letras. Ya preparé el caldo, vos si te las podrías tomar, o mejor aún, zambullirte en él, ahora que es invierno.
Hace rato estoy hablando eh, ya sabés esa manía que tengo de tratar de justificar y explicar cada uno de mis actos, aunque sea con esa constancia imprecisa y a veces estúpida, esa facilidad de encontrar palabras que son odiadas por los silencios. Las palabras y los silencios, los cronopios y las famas… Y me quedan estas irremediables palabras en cocción, a la una, a las dos y a las….tres!
Pared de Rodrigo: - (silencio)
Al día siguiente Noelia y Rodrigo se cruzan en la parada de colectivo, pleno centro porteño, tres y media de la tarde.
Rodrigo:-Noe,¿ todo bien?¿Qué hacés por acá tanto tiempo?
Noelia: - Venía de lo de un amigo, ¿todo bien vos?
Rodrigo:- Si si…
Noelia: -Bueno… ¿Te tomás este?
Rodrigo: -Si.
Noelia subió primera sacó boleto, y se sentó en asiento individual. Rodrigo hizo lo mismo y se sentó adelante. Y se bajó antes que ella.
sábado, 11 de julio de 2009
Piiiiiiiiii

Una mosca congelada en la cima de un pan ácimo y una ventana que se abre de a poco, como al compás de un tango lento. La perpetuidad de una imagen infinita, gráficamente comprensible, muda, mejor. Dos sombras, que se juntan y se vislumbran por el simple y eterno accionar del sol, y de tanto en tanto se funden. De tanto en tanto se separan como queriendo seguir juntas, como las gotas de agua, pero se espantan, y cuando anochece se dispersan por el mantel y se hacen mosca. Y en el alba se forman nuevamente, caminan hacia el vidrio y lo miran, no lo ven. En cambio el sol sí con ellas. Y las sombras bailan y las moscas se congelan, mudas todas ellas. Y un encuadre encaja justo en el astro más grande, y todo lo que él ha creado. Y el calor no las derritía, y las primaveras se hacían notar en los árboles. Y las sombras… esas sombras. Calladas se tiraban al piso y se hacían muchas, y cuando venían más moscas, se hacían una sola sombra, una muy finita, engañando, disfrazando ser esa daga que crea oscuros, que tapa destellos, que pinta de negro. Que se para en el haz de luz y lo corta,lo mata sin escrúpulos, como cuando pedís medio metro de cinta bebé.Y ahí todo vuelve a fundirse, y ya no importa el tiempo, ni las moscas ni los árboles, ni la ventana, y menos las sombras. Y en el alba, cada cosa en su lugar. Sin palabras, sin decir. Parece que resultó mejor ese amable reposo, como las lágrimas que se postergan y al fin se dan , como los abrazos fiados que mueren y reemplazan por los verdaderos, como los besos de a montón que fueron asesinados por esos que erizan, esos, claramente, utópicos.
El alba penetrante contorneó la escena, creó aquel mismo encuadre, diariamente encuadrado. Las moscas sobre el pan. Las sombras en la ventana…
¡Esa maldita pava silbadora que asesinó al sol arruinando el silencio! Las sombras se derritieron sobre el mantel junto con todo lo demás, se hizo de noche para siempre, y otras luces empezaron a gritar en otro encuadre. Fue la muerte del soleado silencio, la muerte del amor.
