domingo, 31 de mayo de 2009

Perversas cúpulas



Muy original acato sentimientos con mensajes de publicidades, soy de esas personas en las que piensa un “creativo” a la hora de realizar la publicidad en la que se pone en juego su súper mérito, por el cual estuvo estudiando varios años. ¿Entonces? Tanta es la inseguridad que todo lo que me rodea es real, todos tienen razón y la tienen muy clara. Siempre me sucedió, pero variaba la influencia en las risas y las lágrimas, lloraba más reía menos, reía más y lloraba menos, lloraba más y reía más, no lloraba ni reía. Manejada a control remoto, como el animalito virtual que había que darle de comer, estar al día con sus vacunas y si se te moría, “Papá reviví al animalito”. Igualmente nunca tuve uno de esos.
La cosa es que son esos períodos en los que al levantarte a la mañana (léase como temprano, más o menos, o muy tarde) uno se encuentra con hilos atados a las articulaciones y hace todo sin movimientos propios. Son esas mañanas que duran meses. Que duran años. Que duran siglos. Que duran segundos en los que algunos astutos, pudientes, pocos, tomaron el control de los hilos (léase a su criterio).

1 comentario:

El viejo vizcacha dijo...

Yo si tenia un winki dino, se me murio cuando se cayo a la sanja, una vez que se mojan las cenizas el fenix no vuelve, oh (como guido). Piba, basta con que una mañana en vez de limpiarte los dientes con el cepillo, te saque uno de los hilitos de las articulaciones y lo uses de hilo dental.