sábado, 17 de mayo de 2008

Cuando amanecen arco iris adentro.



Me he dado cuenta que en lo que algunos llaman "la utopía de las cosas" me siento más cómoda. Porque busco de manera constante ese rincón infinito en el que se esconden las miniaturas confortables. A veces logran infiltrarse en el otro plano, el gris, el día, el mes, el pasado, el presente, y ahí se torna complejo, pero después desaparece por siempre... Un rincón que dura instantes, y depués muere, porque no se sucede como vos, como yo. Es como el crepúsculo, como la ola, como la primer luz de una luciérnaga. Fue la primera visita al bosque, la primer caricia ajena, el jardín de soles, el puente infinito que en vos empezaba, la siesta de las tres de la tarde sobre el agua que se demarró del primer río celeste que inventé... Entre la gente aparece, en los silencios también. Cundo más lo prefiere se presenta ante todo. Y allí me sumergo hasta que al fin termina, como ninguna otra cosa... Es como si jugara con el aire, y yo lo respiro. Es como si la vida fuese una ambigüedad... Porque tras la cortina que me separa hay dos caminos, o cuatro. Tomá el que quieras, que se puede llegar a una misma salida, o entrar a otros planos.¿En cuál estoy? No lo sé. Solo sé que soy la división resultante de un meriadiano transparente, que ha creado a las dudas.

Mujer incógnita de un pensamiento infinito.

1 comentario:

Diego Paladino dijo...

Ese arbol no se parece a los que dibujas ahora, decile a tu mama.