miércoles, 1 de abril de 2009

Próximamente abril.


Se levantó de la silla y se arrodilló junto a la ventana. El otoño había llegado, las plantas lo supieron antes que él. La verdad no se si es por supervivencia inconciente, al igual que el respirar mismo, pero lo saben. Tiñen los pisos de rojo y se destiñen hasta llegar al amarillo. Forman colchones para que no duela tanto el frío cuando se quiebran las piernas. Tapan las baldosas para que dejemos de fracasar al intentar no pisar las líneas de estas sin mirarlas. Se desnudan para arropar a las hormigas y hacen enojar todas las mañanas al viejo de al lado, que con su columna espiraleada luchará con su ecoba o rastrillo por despejar la vereda. Es como si los marrones se aliaran con un sol más cansado y en conjunción con el viento hicieran bailar a las hojas, secas de lo que fueron.

Le podrán decir que el otoño es triste, nostálgico, solitario como el tronco que ahora se encuentra sin su verde compañía, y tendrán razón. Pero cuántos otoños robó en verano para manchar las hojas de su libro preferido, o del libro más viejo. Pero cuánto tiempo lo has esperado para tan sólo probarte la bufanda que tejió tu abuela, usarla una o dos veces y esperar la siguiente estación, esta viene con vacaciones. El otoño es otoño porque lo es, consecuencia de un tiempo que no duerme y un sur que a veces tiene sus cálidos. Sin embargo los colores más cálidos están ahora, será cuestión de abrigarse y salir a pintarlos.

Esperará con ansias que el árbol de enfrente quede solo, por ahora una chocolatada, una ventana y un sol que parecerá aún más viejo cuando crujan las veredas sin flores.

1 comentario:

Diego Paladino dijo...

Feliz cumpleaños.

Tu comentarista nuemero uno.